Hace un par de semanas algún wey del episcopado o de alguna de esas ondas “regiliosas” sugirió que las mujeres no deberían usar ropa provocativa si no quieren ser acosadas...
- la vulgaridad de los piropos recibidos por una mujer que camina por la calle es inversamente proporcional al tamaño de las prendas que viste
- a parecer de los hombres mexicanos, la pirujez de una mujer es inversamente proporcional al tamaño de las prendas que viste
cualquier calle por donde pase una mujer en paños menores, cualquier calle de México se convierte en la obra en construcción más grande del mundo porque, aunque sea por un pequeño instante, todo pelele que esté atravesando por ahí en ese preciso momento se convierte en un auténtico albañil (pero de esos que son Maistros, con I latina y M mayúscula), sacando así lo más vulgar de sí mismo... o al menos voltea a ver de la manera más descarada posible tratando de encuerarla con la mente y torciendo el pescuezo tanto como sea posible hasta el punto de arriesgarse a sufrir la tortícolis (sin albur) más gruesa de su miserable existencia.
- No mames, wey...
- ¿Qué pasó?
- Es que estoy saliendo con una vieja y cada vez que voy a su casa me recibe su papá
- ...¿Y?
- Es se me queda viendo con cara de "tú nada más te quieres coger a mi hija, cabrón"
- ...¿Y qué? ¿No es cierto?
- Pues sí, pero se siente regacho...
- Ay, hijodelachingada... ya verás... ya verás... ahora por eso dios te va a castigar dándote puras hijas
- ¡No, ni madres! ¡Cállate!
- ¡Sí, a güebo! ¡Para que veas lo que se siente!